miércoles, 14 de octubre de 2026

El carrusel

Me detuve para ver la pelea más reñida y estúpida por darle una mordida al último algodón de azúcar. Eran unos diez chiquillos que pelaban con mordiscos y alguno que otro golpe bajo, para conseguir un pellizco del pegajoso dulce. Sus caras, manos y cabellos (revueltos en desorden) terminaron embarrados por una especie de nauseabunda masa azul-negra. Eso no les importó porque subieron en tropel al carrusel más deteriorado que he visto. Pero lo más extraño es que noté que en cada vuelta los caballos subían y bajaban dejando un asiento vacío, hasta que finalmente se detuvo la atracción sin ningún niño a bordo. Solo las manchas casi azules, casi negras, quedaron como mudos testigos en las crines de los caballitos de madera.

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