Familiares
Todos tenemos demonios familiares que nos visitan en estas fechas y, para reconocerlos cuando tocan a la puerta e invitarlos a pasar, colocamos en antiquísimos altares paganos fotos para reconstruir sus imágenes apagadas por el tiempo. No llegan en silencio; todo lo contrario: nos susurran con propósitos demenciales frases ininteligibles que nos hacen dudar de nuestra propia cordura. Nos hieren con dientes afilados cada vez que quieren. Son criaturas invisibles que se arrastran debajo de la cama. Son traviesos agresores que agitan nuestra imaginación para que despertemos llenos de pánico. En casa tomamos estos inconvenientes con resignación. Por lo menos este año parece que son familia. La temporada pasada nos invadió un mal espíritu, de esos que hacen ruidos y voces desagradables, y que te hacen la vida imposible porque se posesionan de forma demoníaca de ti.

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